Un baño a la Cruz Caravaca contra la «muerte negra»


La Peste bubónica pulmonar, la conocida «muerte negra», irrumpe en Europa sobre el año 1347. Su origen se ubica en las orientales tierras del Mar Negro y su aparición sorprendió a todos en las islas Baleares, Córcega y Cerdeña. Entró en el viejo continente por Calabria, Génova y Marsella. Su imparable expansión costó la vida a un tercio de la población de países y regiones tales como Inglaterra, Génova, Toscana o Provenza.

Tras la enfermedad y la muerte, vendría miseria, hambre, guerras, plagas y epidemias.

Caravaca de la Cruz Un baño a la Cruz Caravaca contra la muerte negra

Dos reyes contra La Peste

En la península, su zona de máxima devastación fue la franja mediterránea, por cuyos puertos entró rápidamente. El rey aragonés Pedro el Ceremonioso, relata que la epidemia se inició en la ciudad de Valencia por el mes de mayo del año 1348. En la capital del Turia perecían diariamente unas 300 personas. El rey huyó de la ciudad y consiguió salvar la vida. No tuvo tanta suerte su segunda mujer, Leonor de Portugal, la cual sufrió el contagio y murió junto con otros miembros de su séquito.

La «muerte negra» sí se cobró la vida del rey castellano Alfonso XI. Se encontraba asediando la plaza de Gibraltar y le sorprendió allí un brote de Peste. No quiso levantar el campamento y su obstinación le costó la vida a su alteza y a gran parte de su ejército.

Inseparables a las epidemias de Peste eran las plagas de pulgón, roedores y la más temida, la más devastadora… las langostas. Eran arrastradas por los vientos africanos y agostaban durante décadas campos y huertas. Condenando a sus pobladores al hambre y la enfermedad.

La Cruz de Caravaca

En 1407, esta suma de calamidades, tuvo efectos apocalípticos. No se hallaban soluciones que pudieran mitigar la desesperación de las gentes. Se recurrieron a medidas tan desesperadas como la solución que propuso el comendador de la ciudad fortificada de Aledo: regar los campos con agua bendita, santificada gracias al baño de la Cruz de Caravaca. De este modo cesaría la plaga y los campos cosecharían fruto y aguantarían las plagas de las viles alimañas. No parece que el remedio surtiera efecto alguno.

Otro santo remedio a la desesperación fueron las visitas pastorales de famosos predicadores como San Vicente Ferrer. Se conoce que el valenciano visitó Murcia en 1411 y otras ciudades de la comarca. Cuando llegó a Orihuela, langostas y pulgones estaban ya a las puertas de la ciudad.

Alguien tenía que ser el responsable de esta maldición. Los desordenes, violencias y depredaciones se dirigieron principalmente contra judíos, mudéjares y extranjeros en general. Los altercados en la ciudad de Murcia se concentraron en el arrabal de la Arrixaca y el principal objetivo fueron los mudéjares que allí moraban. 

 

Fuente: Los siglos XIV y XV en Orihuela. Historia de la ciudad de Orihuela. Tomo III. Juan Bautista Vilar.

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