Los últimos buitres alimoches de Murcia


Murcia será de las pocas capitales españolas, que pueden presumir de albergar en su término municipal una cordillera montañosa: El Valle.

En 1879 (mismo año de la famosa riada de Santa Teresa) recalan en Murcia dos expediciones ornitológicas, capitaneadas por el príncipe archiduque Rodolfo de Habsburgo y Ludwig Holtz. Seguramente serían las viejas crónicas medievales, como el Libro de la Caza de Don Juan Manuel, las que atrajeron a estos expedicionarios a tierras murcianas. En ellas se contaba que los halcones, águilas, quebrantahuesos y demás aves cetreras de los acantilados murcianos, fueron famosas en todas las cortes de Europa. Así que la captura de estas grandes aves murcianas, para fines naturalistas, era el principal objetivo de dichas expediciones.

Torre Guil Murcia Los últimos buitres alimoches de Murcia

De este modo, dejó escrito el príncipe archiduque: “En las inmediaciones de Murcia se alzan unas desérticas montañas de color amarillo pálido, completamente desprovistas de vegetación, y allí mismo encontró uno de mis amigos, sobre una pared roquiza, el nido de un águila real…”

Pero si hay una gran rapaz que llama la atención a nuestros amigos austriacos naturalistas, ese es el Alimoche. En la Europa meridional se daban cita tres grandes buitres: negro, leonado y alimoche. Esta expedición, según narran sus apuntes, capturó un alimoche de 163 cm de envergadura en el paraje de La Fuensanta.

Las conclusiones de esta expedición cinegética – científica, fueron recogidas por el príncipe archiduque en un libro titulado: “Alrededor y dentro de España. Esbozos de viaje compilados en el año 1879 en España en una expedición ornitológica”. Sin duda este libro es uno de los mejores legados documentales de la fauna nitológica murciana.

En Murcia, hace ya tiempo que se extinguieron los quebrantahuesos, buitres negros y alimoches. Los últimos buitres murcianos se criaron en Sierra Espuña por los años 70, y dejaron de anidar sobre los años 80 en la Rambla de las Buitreras de Moratalla, su último reducto. En La Fuensanta, donde cazó su alimoche el archiduque, solamente pueden verse pequeñas rapaces como el gavilán, el azor y el ratonero común.

Si viajáis por cualquier ciudad del antiguo Imperio Austro-Húngaro, es posible que en sus museos de ciencias naturales se exhiba, disecado y estático, algún alimoche cuyas alas surcaron hace más de cien años los cielos murcianos.

Fuente: Murcia desde lejos. Nuevo viaje por los viajes de Murcia. José Mariano González Vidal.

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