El misterioso robo de la Cruz de Caravaca (Parte I)


Santuario Castillo Vera Cruz de Caravaca El misterioso robo de la Cruz de Caravaca (Parte I)Uno de los mayores misterios de la historia (y no exagero), que ha hecho verter ríos de tinta durante el siglo XX, ha sido sin duda el robo de la Cruz de Caravaca.

Todo ocurrió (o eso se piensa…) la noche del 12 al 13 de febrero de 1934 [*]. Los caravaqueños estaban celebrando la última noche del carnaval. Al día siguiente era Miércoles de Ceniza y comenzaba la Cuaresma; tiempo de recogimiento y oración. Ese Miércoles de Ceniza, el capellán del Santuario de la Vera Cruz, Don Ildefonso Ramírez Alonso, se encontraba en la parroquia del Salvador donde estaba imponiendo la ceniza. En la mitad de la celebración entró en el templo la hermana de Don Ildefonso  y pidió hablar con el sacerdote urgentemente. La noticia no era otra que el robo de la Cruz y su reliquia durante esa noche.

La primera información proporcionada por la Guardia Civil, que se hizo cargo por orden del Juzgado de Instrucción, apuntaba a que los ladrones habían escalado la muralla por su parte norte y haciendo un butrón (37 cm de ancho y 59 de alto) en la llamada Puerta de San Lázaro o puerta sur, entraron en el Castillo-Santuario llevándose el famoso relicario con la reliquia. Es curioso que no robaran también la arqueta de plata del siglo XIV donde tradicionalmente se guardaba la Vera Cruz.

Los caravaqueños se sumieron en la consternación más absoluta. Nadie se explicaba que había podido pasar, que había podido fallar. Aquello había sido un auténtico robo de la identidad de la comarca. Ya que no se concibe Caravaca sin la Cruz ni la Cruz sin Caravaca.

Es cierto que desde el primer momento nadie se creyó la historia del butrón. La cuerda utilizada para trepar la muralla era de un fino grosor que no aguantaría el peso de una persona, el agujero demasiado pequeño, las herramientas que se encontraron junto al boquete no eran las adecuadas y el sagrario no tenía indicios de violencia.

Comenzó a tomar fuerza la versión de que el robo había sido hecho desde dentro, tramado por las personas cercanas a la reliquia. Las miradas se clavaron de inmediato en el capellán. Según cuentan, Don Idelfonso era un estrafalario personaje que el Obispo de la Diócesis había suspendido a divinis (solo podía celebrar misa pero no administrar ningún otro sacramento) por motivos (entre otros) políticos. Había sido un entusiasta seguidor de las ideas republicanas, tan de moda por aquellas fechas.

Nadie se fiaba del cura y menos cuando se empezaron a filtrar las primeras conclusiones. La tradición  mandaba desde tiempo inmemorial, que el capellán (y guardián de la reliquia) tenía que trasladar la Vera Cruz todas las tardes, desde el altar mayor del Santuario hasta sus aposentos. Por la mañana, antes de la misa matinal que se celebraba a las 8 y media, se devolvía la reliquia al templo. Aquella tarde, Don Ildefonso, no había cumplido con la obligación citada. Así que, los “hipotéticos ladrones” se habían encontrado la reliquia en el mismo altar mayor del templo.

Ya se sabe que la masa es voluble y visceral. Los ánimos estaban calentitos y unos pocos días después una manifestación popular recorrió las calles de Caravaca en dirección al Castillo, para pedir cuentas al capellán. La cosa se puso negra. A empujones y golpes lo llevaron camino de la Plaza del Arco, el linchamiento iba a producirse si nadie lo remediaba. La Guardia Civil tuvo que intervenir, pistola en mano; lo rescataron de la muchedumbre escoltándolo hasta el Ayuntamiento. Desde allí un coche particular lo condujo hasta Águilas, su pueblo natal, donde murió dos años después en 1936. Lo que supiera del asunto Don Ildefonso, parece que se lo llevó a la tumba.

Continuará…

 

fuente: Murcia, crimen y castigo. Taller de Historia del Archivo General

foto de @remepagan, vía Twitter

[*] Eran tiempos difíciles, estaba a punto de estallar la Revolución de 1934. Los Socialistas, la CNT y la FAI realizaron acciones directas y violentas por todo el país. Entre los sucesos destacados, se encuentra el robo de la Cruz de Caravaca, que según la tradición se guardaba desde el siglo XIII. Fuente: La Revolución de Octubre del 34 en Murcia. El caso de Alguazas. Luis Lidón Hernández.

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