Cuando a la reina Isabel se le perdió una pulsera de brillantes en Murcia…


Hace pocos días, se cumplieron los 150 años de la visita que realizó la reina Isabel II a Murcia.

Fue del 24 al 27 de octubre de 1862. La familia real vino al completo, acompañando a la reina: su marido Francisco de Asís y sus hijos, los infantes Isabel y Alfonso.

Como sabemos, la comitiva real, arribó a Murcia procedente de Cartagena en tren, por la estación del Carmen. Inaugurando con este viaje la línea férrea que unía Murcia y Cartagena. Tras la bienvenida en la estación, la reina se dirigió al Palacio Episcopal, donde se alojó. Durante este recorrido, fue vitoreada por cientos de murcianos que querían ver la regia visita. En el trayecto, se colocaron varios arcos para recibir a la familia real. Según las crónicas, uno de los mejores arcos fue el que se colocó en la Plaza Camachos. Medía 20 metros de altura y portaba una leyenda que decía: “Murcia a su Reina”.

Teatro Romea Murcia Cuando a la reina Isabel se le perdió una pulsera de brillantes en Murcia...

Durante estos días de visita real, Isabel II asistió a misa en Catedral, subió al Santuario de la Fuensanta, contempló las imágenes de Salzillo, visitó los conventos de las Agustinas y Teresas y, por supuesto, inauguró el nuevo teatro de Murcia. Al que le puso por nombre: Teatro de los Infantes, en honor a sus hijos.

Para la ciudad de Murcia la puesta en marcha del Teatro de los Infantes, suponía un paso adelante a nivel cultural. Ya que desde la demolición del Teatro del Toro en 1857, Murcia no contaba con un escenario para representaciones importantes. El nuevo teatro se encontraba en la antigua Plaza de los Duques de Montpensier o Plaza del Esparto, más conocida por ser parte del Convento de Santo Domingo.

A eso de las 10 y cuarto de la noche, la comitiva real hizo acto de presencia en el teatro, entre vítores y aplausos. Instalada, como no podía ser de otra manera, en el palco real; la reina respondió al entusiasmo general, saludando a los presentes con un pañuelo.

Fue en ese momento, cuando la reina se percató de que había perdido una pulsera de brillantes que portaba en una de sus muñecas. Suerte tuvo ya que, según cuentan las crónicas (1), fue una joven murciana la que encontró la joya. Y entendiendo a quien podía pertenecer, se apresuró a entregarla a uno de los alabarderos de la reina.

Isabel II quedó muy agradecida por el detalle. Quiso conocer a la murcianica y ordenó que la buscasen, pero la joven ya no se encontraba ni en el teatro ni en los alrededores. Seguramente no tenía entrada. La reina insistió para que se extremara la búsqueda, ya que al día siguiente partía de Murcia y quería agradecer a la joven su gesto. Pero nadie encontró a la muchacha

A la mañana siguiente, la reina Isabel se despidió de los murcianos. Salió del Palacio Episcopal y desde la Plaza de San Leandro, cruzó por la calle Val de San Juan hasta Santa Eulalia, y de allí por la Puerta de Orihuela se marchó hacia Alicante.

Seguro que, en algún momento, se acordaría de aquella murciana anónima. Que le devolvió una bonita y carísima pulsera de brillantes, a la mismísima Reina de España.

 

(1)  Crónica oficial de los festejos celebrados en la Ciudad de Murcia. Miguel R. Arróniz. Junta Central de Festejos del Ayuntamiento,1 de diciembre de 1862.

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